Tú eres quien me complementa.
En ti está la paz, el amor;
la calma y el equilibrio.
En ti está el bien.
Yo soy lo opuesto;
en mí habitan varias guerras;
intranquilidades y miedos;
desequilibrios.
En ti hay serenidad
y tranquilos vientos de armonía.
En mí hay tormentas,
huracanes y tornados.
En ti habita la bondad,
en mí la mentira;
mi mecanismo de defensa;
mi salvación y perdición.
Te quiero
no sólo por tu belleza,
aunque he de admitir que me
cautiva.
Tampoco por el placer que me
provoca
el eco de tu voz en mis oídos
y el reflejo de tu imagen en mi
memoria.
Te quiero
no sólo por el calor
que tu cuerpo da
a mi frío cuerpo sin vida
en tus abrazos de fuego.
Te quiero
porque sólo tú has sido capaz
de mostrarme verdadera
felicidad;
porque sólo tú me has sabido
despertar
del profundo sueño en el que me
encontraba.
Te quiero
porque sólo tú eres mi otra
mitad,
mi complemento.
Más que una marca en la piel,
ne quiero llevar marcada en mi
pecho,
en lo más profundo de mí ser.
No dejaré de aullarle a la Luna,
a tu Luna.
Te quiero
porque tú eres la loca
espiritual;
mi guía hacia la paz y armonía,
la calma y el caos.
Sólo tú me lo has provocado
todo:
Felicidad y tristeza; ánimo y
decepción;
orden y caos; paz y guerras;
claridad y confusión.
Honestamente, te agradezco
todos y cada uno de estos
estados.
Por eso te quiero:
Por completa; por completarme;
por complementarme.
Te quiero porque…
te quiero.
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